Hacía tiempo que no me dejaba caer por aquí. Y eso que de sentimientos y emociones ha sido una etapa intensa.
A veces suelo dejar correr el tiempo sin colarme por aquí, pero cuando vuelvo a desempolvar el blog lo reviso y me doy cuenta de todas las evoluciones que he ido haciendo hasta ahora. Menudo aprendizaje.
Ahora estoy en manos de otro tipo de aprendizaje. Del cariño, bueno llamadlo como queráis, cariño, afecto, respeto, etc. Es que hemos frivolizado bastante esta palabra y suena un poco azucarada, pero el significado es el mismo; el apego hacia una persona que te importa o que estás conociendo.
Desde hace varios meses he vuelto a conectar con este sentimiento que tenía tan olvidado. Y fue una conexión improvisada, yo no la estaba reclamando la noche que conocí a ese chico. De hecho lo único que pretendía esa noche era consumir cerveza, bailar y abrazar a mis amigos. Disfrutar de una noche de verano relajada.
Y llegó él. Pero sinceramente no afectó mucho a mi objetivo de la noche y simplemente lo vi mono.
A medida que iba pasando la noche, dejamos la cena a un lado y los juegos que se hicieron y nos pusimos todos a bailar. No sé en qué momento nos pusimos a bailar juntos; bueno, a intentar bailar. Hubo un par de risas.
Enseguida dijo que se iba a casa porque había trabajado durante todo el día y le acompañé. Fue una noche muy divertida.
Al día siguiente nos escribimos por WhatsApp y empezamos a mantener el contacto.
Han pasado cuatro meses de ese momento y han sucedido muchísimos momentos y ratos de idas y venidas, de conocernos lentamente. Cada uno a su manera.
Lo único que ahora mismo tengo claro es que me gusta abrazarle y que necesito pasar tiempo con él. No me importa el lugar ni lo que estemos haciendo.
Y me encanta cuando me llama cariño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario