martes, 2 de mayo de 2017

Prueba vital

Hay una sola cosa que debemos tener en cuenta a la hora de desafiar a la vida: desfiarnos a nosotros mismos. Ponernos a prueba de nuestros miedos, tocar el límite para conocer hasta dónde somos capaces de llegar y hasta dónde podemos manejar nuestras emociones. Nadie nos va a dar las herramientas para sobrellevar las situaciones. El tiempo nos hará fuertes y con ello la experiencia vendrá de la mano. Aquí no hay manuales. Hay recursos que hablan de ella, de cómo tratarla, de cómo mimarla, de cómo esquivarla. Estamos tan preocupados de qué haremos mañana que nos olvidamos de lo que tenemos que hacer hoy. Nos encontramos muchas veces en etapas inciertas donde nos sentimos irreconocibles. No es nada malo, no tenemos que avergonzarnos por sentir miedo de pensar que posiblemente no estemos a la altura. Ese miedo es la barrera más difícil de derribar. La otra barrera es el imposible, todo se consigue con esfuerzo aunque claro está que no podemos exigirnos una realidad que está fuera de nuestras posibilidades. Debemos ser coherentes y conocer con el tiempo nuestros límites y capacidades del mismo modo que abrir horizontes. 

Una buena amiga me recomendó seis elementos que considero indispensables para poder enfrentarnos a esa prueba:
- La sonrisa, como la prenda más valiosa.
- La solidaridad, como la única bandera.
- La curiosidad, como actitud permanente.
- El amor, tan presente como la respiración.
- La soledad como mejor compañera de viaje.
- La desigualdad como única enemiga a la que hay que enfrentarse.

 
 "La utopía está en el horizonte (...) Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar." 
(Fernando Birri, 1925)

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