Hace un año estaba preparando todo para que pasaras una de las mejores noches que pudiera darte mientras estabas conmigo. Puse todo lo mejor de mí, y estaba tan nervioso y emocionado como un niño cuando estrena zapatos nuevos.
Hicimos de cenar... no me acuerdo, sólo recuerdo que casi se nos quema por no separar tu boca de la mía. Ese fue nuestro primer incidente, el segundo fue abrir la botella de vino. No me acuerdo si el vino era bueno... realmente me daba igual. Sólo lo notaba como corría por mi garganta y miraba a sus labios cuando se ponían color púrpura. Era bueno.
El postre lo decidimos en el sofá, con el viento como invitado soplando fuera como si algo me quisiera prevenir. Ahora comprendo que me estaba diciendo que aquello era tóxico, que era irreal y con fecha de caducidad, que el amor como yo lo entendía estaba pasado de moda.
Nuestro otro amigo que quiso unirse fue el fuego. A ese le dejamos apuntarse, no nos estorbaba en absoluto.
Acabamos con el vino (la segunda) y con los cigarrillos que acaban siempre a la mitad.
Pero eso fue lo único que se quedó a la mitad esa noche.
Empezamos Febrero. Yo con más ganas que nunca. Queda todo por hacer. Siempre afrontandolo con ganas y sin miedos. Nunca mires al miedo, ni a la suerte, sino a tí.
"Todo lo bueno, está por llegar".
No hay comentarios:
Publicar un comentario