La semana pasada tuve que despedir a una persona que se marchaba a su casa con la cual guardo una buena amistad y con ello cerrábamos una etapa vivida muy buena, un año muy intenso.
- Es muy triste tener que despedirnos, tener que irme - me dijo mientras le acompañaba hacia la estación.
- Lo triste es que no nos hubiéramos conocido - le respondí.
De pronto su cara cambió de parecer y me dio un abrazo.
Y esa es la verdad, siempre nos lamentamos mucho en las despedidas y no pensamos en ese lado que nos guardan. El hecho de haber coincidido con una persona en un lugar y tiempo determinado, haber compartido muchísimas cosas. Que por millones de casualidades hayamos coincidido, hayamos pasado ratos tan divertidos y poder llevarte una amistad de vuelta. Eso es lo maravilloso. También es maravilloso poder ir a verle a su tierra y saber de él y cuidar con mimo esa amistad.
Hay personas que conoces en el camino y al tiempo desaparecen o desapareces tú y otras personas que permanecen en tu vida (aunque no tengáis contacto contínuo).
Hay que pensar de esa forma, no dejar de conocer gente por el miedo a las despedidas. Eso siempre estará ahí, abrimos y cerramos etapas y forman parte de ellas.
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