- ¡Sabes! Ayer tuve la ocasión de escuchar algo realmente bueno…
- ¿A sí? ¿De qué se trata aver?
- Estuve escuchando una conversación de un pesimista y un optimista.
- Curioso, y… ¿a qué viene ese entusiasmo?
- Me hicieron sentirme tan vivo… Sí, creo que esa es la palabra.
- ¿Puedes compartir conmigo eso que pudiste escuchar?
Yo creo que eran dos amigos, dos amigos que solían verse bastante a menudo por el tono de voz y por el contenido de la conversación.
Optimista- ¡Hola! ¿Qué tal?
Pesimista- Bien… por aquí, dando una vuelta.
O- Oh, eso es perfecto, hace un día estupendo para hacerlo.
P- Hace un día como todos, el sol está en el mismo sitio, la gente cruza por la misma calle, por la misma acera y con el mismo gesto de vació de forma rutinaria… Lo considero un día como será el de mañana.
O- ¿Me puedes contar que te ha pasado?
P- Cómo me conoces…
0- Para eso están los amigos, ¿no crees?
P- Para eso y para recordarte y restregarte que están felices de la vida, que tienen una persona a su lado y que están ahí para una cerveza si me apuras.
P- ¿Me dejas encontrar tu problema? Seguro que no tardo demasiado…
O- Si insistes… de todas formas siempre consigues lo que te propones.
P- De acuerdo, pues, ¿se trata de los estudios?
O- Já, Si fueran solo los estudios ya estaría yo con otra cara.
P- ¿Qué pasa con los estudios? ¿Alguna pelea o te has enfadado con los libros?
O- ¿Con los libros? Me he enfadado con los profesores, ¿puedes tú entender por qué tenemos que ir todos a un mismo ritmo y a un mismo nivel si no podemos? ¿Puedes entender por qué hay 30 personas en la clase donde deberían estar 15 como máximo? ¿También puedes entender la monotonía que supone el estar 6 horas dentro de un aula captando una hora tras otra información que luego tendrás que empollarte la noche de a antes para “demostrar” que tienes el nivel necesario (según ellos) para pasar a un siguiente nivel (o como dicen ellos a un curso siguiente)?
Veo a niños cargados a las 8 de la mañana con una maleta a la espalda (que ahora llevan colgada sólo en un hombro) y me da por pensar los problemas en la espalda que pueden llegar a tener. Van con la cabeza agachada. Claro, están pensando que dentro de 20 minutos le van a soltar el mismo rollo de siempre, que nada va a cambiar.
P- Interesante reflexión, comparto contigo que la forma de la educación debe cambiar y ya.
Ahora bien, ¿influye en tu estado algún problema sentimental que hayas tenido?
O- Veo que te vas acercando, la verdad es que sí. Estoy conociendo a una chica que creo que no pasará nada entre nosotros nunca. Entonces es esa sensación de que te quiero conocer pero a la vez quiero alejarme de ti para no hacerme daño.
P- ¡Ajá! ¿Y quién no ha pasado nunca por eso?
Ahora me dirás que esa sensación no es alucinante.
O- ¿Alucinante? No opino lo mismo, ya que espero que algo interesante va a pasar hoy y luego es un día malo, triste. Ahí es cuando me hundo.
Es igual que cuando esperas que un capítulo va a estar genial y luego resulta que te encuentras con una mierda de capítulo.
Las altas expectativas suelen traer decepciones.
P- ¿Y cuál crees que es la solución a esas altas expectativas? ¿No tenerlas?
O- Te aconsejo que sigas el curso de la vida, que te dejes sorprender por ella, que no intentes cambiar lo que tú en verdad quieres hacer. Que seas un verdadero soñador.
Las expectativas nos hacen crear un sentido a la vida, nos hacen levantarnos por la mañana con una sonrisa, con un motivo por el que luchar o por un asunto por el que vivir.
Las expectativas nos hacen felices, ya que nos encaminan hacia aquello que de verdad nos interesa, nos apasiona. Nos hacen ser responsable, eficaces y nos hacen, más que cualquier otra cosa en la vida, sentirnos vivos.
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- ¡Y qué más! ¡Continúa!
- Se dieron un fuerte abrazo, pagaron el café y se fueron del bar.
- Y tú, ¿cómo te quedaste? ¿qué hacías allí?
- Estaba esperando a una amiga, una amiga de la que hace bastante tiempo me gusta.
Y resulta que eso me dio fuerzas para luchar por ella y qué se yo, quizá algún día tenga el valor para decirle lo mucho que me gusta y disfruto cuando estoy con ella, la cara de pan que se me queda cuando ella sonríe o lo que siento por dentro cuando llego 10 minutos antes al sitio que hemos quedado y no dejo de mirar hacia los lados hasta que ella aparece.
- ¿Eso es tener altas expectativas, no?
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